Meditación y emociones

Durante la práctica de la meditación las emociones y sentimientos hacen su aparición de manera espontánea por lo que es importante aprender a manejar positivamente esa energía que aflora. Todas las emociones tienen una razón de ser, afloran para tratar de resolver alguna situación o problema. Cuando sufrimos es porque oponemos resistencia y no sabemos manejarla con habilidad. Si nos identificamos con nuestras emociones seremos dominados por ellas y no veremos con claridad por lo que la realidad estará distorsionada. Las emociones difíciles son las que nos hacen sufrir y pueden hacer que actuemos de una manera inapropiada.

Para que las emociones sean una ayuda es necesario que modifiquemos nuestra forma de relacionarnos con ella. A continuación les facilito una herramienta fácil pero que requiere de bastante práctica para integrarla y manejar las emociones de la manera más apropiada en cada situación.

Pararse: en la mayoría de los casos nos impulsa a reaccionar por lo que conviene pararnos para reflexionar y valorar qué sucede en nuestro interior.

Serenarse: una vez parados, nos serenamos respirando largo, lento y profundo; llevando la atención al cuerpo o a aquellas zonas del cuerpo donde la emoción se manifieste. Se trata de relajar la zona afectada, creando espacio para que la emoción se exprese a través de las sensaciones corporales.

Tomar conciencia de la emoción: observamos qué situación, persona, frase, pensamiento, recuerdo, imaginación, etc. desencadenó esa emoción. Identificamos de qué emoción se trata, la observamos sin juzgar.

Aceptar la experiencia: permitimos que la emoción se manifieste sin oponer resistencia, sin obstáculos. Se trata de crear espacio para que pueda expandirse internamente, que se exprese con libertad en nuestro interior.

Darnos cariño: una parte de nosotros quiere quedarse en la resistencia para no sentir el dolor, la impotencia, rabia, etc. pero si nos dejamos llevar por esa tendencia nos quedamos atascados. Así que en este punto nos toca conectar con la parte tierna de nuestro corazón para proporcionarnos amor y ternura a nosotros mismos.

Soltar la emoción: la emoción se mantiene activa durante todo el tiempo que la alimentemos con los pensamientos por lo que corresponde dejarla ir. No hay razón para retener la emoción que nos hace daño y quedarnos atados a ella. Así que la soltamos y la dejamos ir.

Actuar o no, según las circunstancias: una vez pasada la tormenta lo más posible es que necesitemos actuar. Si la situación requiere una respuesta estaremos en mejores condiciones que antes para darla y si no es necesario actuar inmediatamente, es mejor esperar a que la emoción se libere totalmente. Es importante darnos tiempo, en lugar de reaccionar.

En resumen, se trata de estar consciente de lo que pasa, sin identificarnos con lo que pasa. Estamos presentes en la emoción pero no nos perdemos en ella. En esto consiste el ESTADO DE PRESENCIA.

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